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sábado, 8 de junio de 2013

Como evitar los 13 errores de un Gestor

Los 5 prerrequisitos para el éxito en los negocios:

 

a.- Un Equipo de alto rendimientob.- Gestión eficazc.- Capital adecuadod.- Elección de los momentos oportunosf.- Solución de productos o servicios de calidad y únicos

 

Las formas de evitar los 13 errores de un Gestor:1- Desarrollar la responsabilidad2.-Ayudar a las personas a desarrollarse profesionalmente3.- Influir en los pensamientos en vez de controlar los resultados4.- Rodearse de los mejores, fomentar las actitudes correctas5.-Aprender la manera de motivar a cada colaborador6.- Recordar la importancia de las utilidades7.- Enfocarse en los objetivos, no en los problemas8.- Actuar como Gestor no como compañero9.- Establecer los limites, pero no rígidos10.- Entrenar a sus colaboradores11.- Negarse a tolerar la incompetencia12.- Crear ganadores13.- No manipularFuente: 13 errores fatales en que incurren los GerentesPor: Steven Brown

domingo, 2 de junio de 2013

El síndrome de Coriolano en el gestor


1 octubre 2007 por José Medina - Revista APD

 

Se suele decir que todo está escrito en los clásicos. Personalmente, creo que no todo, aunque sí mucho, y a veces, olvidado.

La obra de Plutarco (s. I-II) Vidas paralelas de nobles griegos y romanos, describe, entre otras, la de Coriolano. Es una obra maestra de la que se puede extraer lo que no debe hacer un líder. Como veremos, historia y vida se repiten a veces de forma dramática.

 

Cayo Marcio Coriolano fue un famoso general de Roma del s.V a.C., a fines de la Monarquía y comienzos de la República. Su madre, Volumnia, le había preparado para ser un gran guerrero. Miembro de la aristocracia romana, dirigió a sus legiones contra los volscos, tribu enemiga a la que derrotó con gran valentía, ganando el apoyo de todos los patricios del Senado.

 

Se iniciaba entonces un periodo de relativa democratización. La influencia de los plebeyos aumentaba progresivamente y debía ser tenida en cuenta en las decisiones del Senado. Fiel a sus valores, Coriolano se opuso abiertamente a las demandas democráticas y se creó muchos enemigos entre los plebeyos.

La habilidad que demostró en la guerra no supo trasladarla a la política, con fines de ser elegido Cónsul. Ante las solicitudes de su madre y Menenio, su mentor: “por lo que más quieras ponles buena cara a tus electores”, él solía responder: “que se laven ellos la suya y se limpien los dientes”.

 

Tras muchos avatares y desencuentros, Coriolano no sólo no fue elegido Cónsul, sino que, hasta acusado de malversación de fondos, fue condenado a muerte, aunque su sentencia se conmutó por el destierro.

 

Ya en el exilio, Coriolano se rebeló contra la República, uniéndose a los volscos, contra quienes había luchado, persuadiéndoles para que rompieran el tratado de paz con los romanos. Cuando las tropas volscas de Coriolano amenazaron Roma, el Senado envió a su madre y su esposa entre las matronas romanas, para disuadirle de atacar. Lo lograron, y Coriolano retiró finalmente las tropas volscas, conduciéndolas de vuelta a Antium, la capital. Cometió así un doble acto de deslealtad hacia unos y hacia otros. Aufidio, caudillo de los volscos, al que se había unido Coriolano, inició un juicio contra él. Coriolano murió asesinado antes de finalizar el proceso. La tragedia de su vida y muerte fue también recogida magistralmente por Shakespeare en uno de sus dramas.

 

Algunos siglos después, a fines del XX y comienzos del XXI, en España, el Director General y posteriormente CEO de una gran compañía, transformó la empresa durante los diez años de su mandato, haciéndola líder en su sector. Su estilo de liderazgo era autoritario, y su personalidad se proyectaba con fuerza abrumadora en el equipo. Éste reconocía y apreciaba la valía del CEO, pues los resultados hablaban por sí solos. El liderazgo era eficaz, pero abrasivo y con alto coste humano.

 

Durante este tiempo, las necesidades del mercado iban cambiando hacia una mayor cercanía y sensibilidad al cliente y al servicio. Todo ello implicaba un estilo de liderazgo mucho más participativo y abierto al equipo, empleados y clientes. A este cambio no se adaptaba fácilmente el líder, que insistía en el estilo que hasta entonces le había llevado al éxito. Finalmente tuvo que ser sustituido por otro ejecutivo, más adaptado a la realidad actual.

 

El resentimiento del CEO llegó a tal nivel que, en su deseo de venganza, estuvo al borde de pasar al principal competidor, contra el que había luchado los años anteriores. La decisión no llegó a culminar por razones legales, aunque él estaba dispuesto a ello, presa del rencor hacia su anterior compañía, que no le había tratado como él consideraba que merecía.

 

La historia terminó marchándose el directivo a otra empresa de diferente sector. El odio hacia su anterior compañía era sólo comparable al que trataba de infundir en ella contra el competidor con quien estuvo a punto de unirse.

 

La historia de Coriolano se repite, con diferentes escenarios en el teatro de la vida. Las vestimentas y aderezos varían con el tiempo, pero el protagonista de la obra sigue siendo el ser humano, movido por sus pasiones, sentimientos y, a veces, aunque pocas, la razón.En las organizaciones, en la política, en la vida y a lo largo del tiempo, el “Síndrome de Coriolano” es un pequeño manual de instrucciones que sintetiza lo que no debe hacer un líder:Creerse en posesión de la verdad.

 

-No escuchar la opinión ajena.

-No adaptarse a nuevas realidades y al cambio que implican.

-Ser desleal con su institución.

-No aprender de la experiencia.

-No entender lo que le ha pasado.

 

El síndrome se resume en no escuchar, no adaptarse, no aprender y no entender.

viernes, 24 de mayo de 2013

Los miedos del Gestor




¿El gestor puede darse el lujo de mostrar miedo?


Cuales son los principales miedos según "Liderazgo Zero" de Inaki Piñuel

 


Miedo a :


1.- Mostrar sentimientos que le hagan parecer débiles, ante los demás y por tanto directivos blandos.


2.- Miedo a perder la autoridad y poder dentro de la empresa


3.- Miedo a que sus subordinados se burlen de sus debilidades y carencias profesionales si estas se llegan a evidenciar o conocer


4.- Miedo a transmitir información, por temor a perder la ventaja que supone el conocimiento

5.- Miedo a que se piensen que no están lo suficientemente formados o capacitados y, por lo tanto son incapaces y torpes


 

Según Iñaki P. se esta convirtiendo en un problema para las organizaciones, el daño psicológico ocasionado por el miedo y sobretodo la ausencia de evaluaciones para detectarlo.


Opinión : Es un problema grave que se transmite a la organización, convirtiéndolas en organizaciones inseguras y frágiles. Hoy en día la carencia técnica para un directivo puede suplirse, con equipos fuertes y el gestor debe pedir ayuda externa con programas o herramientas como Coaching, hoy la sociedad tolera que el ejecutivo reconozca sus debilidades y las mejore a través de sus fortalezas.

 


Fuente: Emprendedores


“la idea de ser un jefe justo y humano es natural en un hombre instruido, pero hay que reconocer que el poder cambia profundamente a quien lo ejerce y que ello no es debido solamente al contagio de la sociedad o del sistema. Pero ¿Hasta dónde podía llegar un sistema basado en abstenerse de todo poder? Seria principalmente la negación de un sistema que genera miedo.

 


Los santos antiguos hicieron mucho en contra de la antigua desigualdad cuando rechazaron ser obispos, priores o abades. Ellos fueron capaces de reconocer la trampa del poder y escapar de ella”. Alain “recuerdos de guerra” Las pasiones y la sabiduría Iñaki Piñuel, propone a través de una trilogía que empieza con esta primera entrega que es posible un liderazgo más allá del poder, la rivalidad y la violencia.

 

El autor segmenta el libro en cuatro partes:

 

1ª La huida psicológica hacia delante ante el vacío; En este primer bloque nos habla del Narcisismo, la Rivalidad, el Resentimiento, la Envidia y, las tres Tentaciones del Liderazgo:“El liderazgo toxico constituye, a la postre, un tipo de posición de dominio que su propia naturaleza no puede ser más que sacrificial y conducir así, en mayor o menor medida, a la generación de víctimas”.

 


2ª El miedo en la organización y sus efectos; Miedo a mostrar sentimientos, Miedo a perder la autoridad, Miedo a las tomaduras de pelo de los subordinados, Miedo a las burlas por las debilidades, etc.….“El miedo lleva al directivo a cerrase en sí mismo al no poder mostrarse como realmente es, ni reconocer su vulnerabilidad ante los demás”.

 


3ª El lado oscuro del liderazgo;“La actitud propia de muchos directivos ante la generalizada crisis de valores éticos y morales que nos aqueja, consiste en intentar salvarse individualmente de la quema”.

 


4ª Epilogo;“El proceso de conversión ultimo, al que estamos llamados todos y cada uno de los seres humanos, consiste en caer en la cuenta de que, sin saberlo, somos perseguidores y linchadores de los demás”.


viernes, 17 de mayo de 2013

Cuando el Gestor se aficiona a los trajes nuevos.


Este es uno de los cuentos infantiles más representativos de lo que les pasa a las personas que ocupan cargos de responsabilidad , todos los seres humanos tienen la necesidad de tener responsabilidad, otra cosa es que decidamos no asumirlas, pero cuando se asumen responsabilidades el peligro de aficionarnos a trajes nuevos, siempre estará presente, la única medicina "el Carácter" , la conciencia que marca los limites de las aficiones.

¿Cuantos gestores en el ámbito público y privado pierden la perspectiva de la responsabilidad que asumieron y se aficionan a los trajes nuevos?

A veces lo peor no es que se aficionen, lo peor es que se quieren hacer los trajes a medida.

 












El traje nuevo del Emperador

By: Hans Christian Andersen, 1837

 


Hace muchos años había un Emperador tan aficionado a los trajes nuevos, que gastaba todas sus rentas en vestir con la máxima elegancia.No se interesaba por sus soldados ni por el teatro, ni le gustaba salir de paseo por el campo, a menos que fuera para lucir sus trajes nuevos. Tenía un vestido distinto para cada hora del día, y de la misma manera que se dice de un rey: “Está en el Consejo”, de nuestro hombre se decía: “El Emperador está en el vestuario”.

La ciudad en que vivía el Emperador era muy alegre y bulliciosa. Todos los días llegaban a ella muchísimos extranjeros, y una vez se presentaron dos truhanes que se hacían pasar por tejedores, asegurando que sabían tejer las más maravillosas telas. No solamente los colores y los dibujos eran hermosísimos, sino que las prendas con ellas confeccionadas poseían la milagrosa virtud de ser invisibles a toda persona que no fuera apta para su cargo o que fuera irremediablemente estúpida.

-¡Deben ser vestidos magníficos! -pensó el Emperador-. Si los tuviese, podría averiguar qué funcionarios del reino son ineptos para el cargo que ocupan. Podría distinguir entre los inteligentes y los tontos. Nada, que se pongan enseguida a tejer la tela-. Y mandó abonar a los dos pícaros un buen adelanto en metálico, para que pusieran manos a la obra cuanto antes.

 

Ellos montaron un telar y simularon que trabajaban; pero no tenían nada en la máquina. A pesar de ello, se hicieron suministrar las sedas más finas y el oro de mejor calidad, que se embolsaron bonitamente, mientras seguían haciendo como que trabajaban en los telares vacíos hasta muy entrada la noche.

«Me gustaría saber si avanzan con la tela»-, pensó el Emperador. Pero había una cuestión que lo tenía un tanto cohibido, a saber, que un hombre que fuera estúpido o inepto para su cargo no podría ver lo que estaban tejiendo. No es que temiera por sí mismo; sobre este punto estaba tranquilo; pero, por si acaso, prefería enviar primero a otro, para cerciorarse de cómo andaban las cosas. Todos los habitantes de la ciudad estaban informados de la particular virtud de aquella tela, y todos estaban impacientes por ver hasta qué punto su vecino era estúpido o incapaz.

 

«Enviaré a mi viejo ministro a que visite a los tejedores -pensó el Emperador-. Es un hombre honrado y el más indicado para juzgar de las cualidades de la tela, pues tiene talento, y no hay quien desempeñe el cargo como él».

El viejo y digno ministro se presentó, pues, en la sala ocupada por los dos embaucadores, los cuales seguían trabajando en los telares vacíos. « ¡Dios nos ampare! -pensó el ministro para sus adentros, abriendo unos ojos como naranjas-. ¡Pero si no veo nada!». Sin embargo, no soltó palabra.

Los dos fulleros le rogaron que se acercase y le preguntaron si no encontraba magníficos el color y el dibujo. Le señalaban el telar vacío, y el pobre hombre seguía con los ojos desencajados, pero sin ver nada, puesto que nada había. « ¡Dios santo! -pensó-. ¿Seré tonto acaso? Jamás lo hubiera creído, y nadie tiene que saberlo. ¿Es posible que sea inútil para el cargo? No, desde luego no puedo decir que no he visto la tela».

 

-¿Qué? ¿No dice Vuecencia nada del tejido? -preguntó uno de los tejedores.

-¡Oh, precioso, maravilloso! -respondió el viejo ministro mirando a través de los lentes-. ¡Qué dibujo y qué colores! Desde luego, diré al Emperador que me ha gustado extraordinariamente.

-Nos da una buena alegría -respondieron los dos tejedores, dándole los nombres de los colores y describiéndole el raro dibujo. El viejo tuvo buen cuidado de quedarse las explicaciones en la memoria para poder repetirlas al Emperador; y así lo hizo.

Los estafadores pidieron entonces más dinero, seda y oro, ya que lo necesitaban para seguir tejiendo. Todo fue a parar a sus bolsillos, pues ni una hebra se empleó en el telar, y ellos continuaron, como antes, trabajando en las máquinas vacías.

Poco después el Emperador envió a otro funcionario de su confianza a inspeccionar el estado de la tela e informarse de si quedaría pronto lista. Al segundo le ocurrió lo que al primero; miró y miró, pero como en el telar no había nada, nada pudo ver.

-¿Verdad que es una tela bonita? -preguntaron los dos tramposos, señalando y explicando el precioso dibujo que no existía.

«Yo no soy tonto -pensó el hombre-, y el empleo que tengo no lo suelto. Sería muy fastidioso. Es preciso que nadie se dé cuenta». Y se deshizo en alabanzas de la tela que no veía, y ponderó su entusiasmo por aquellos hermosos colores y aquel soberbio dibujo.

-¡Es digno de admiración! -dijo al Emperador.

 

Todos los moradores de la capital hablaban de la magnífica tela, tanto, que el Emperador quiso verla con sus propios ojos antes de que la sacasen del telar. Seguido de una multitud de personajes escogidos, entre los cuales figuraban los dos probos funcionarios de marras, se encaminó a la casa donde paraban los pícaros, los cuales continuaban tejiendo con todas sus fuerzas, aunque sin hebras ni hilados.

-¿Verdad que es admirable? -preguntaron los dos honrados dignatarios-. Fíjese Vuestra Majestad en estos colores y estos dibujos -y señalaban el telar vacío, creyendo que los demás veían la tela.

 

«¡Cómo! -pensó el Emperador-. ¡Yo no veo nada! ¡Esto es terrible! ¿Seré tan tonto? ¿Acaso no sirvo para emperador? Sería espantoso».

-¡Oh, sí, es muy bonita! -dijo-. Me gusta, la apruebo-. Y con un gesto de agrado miraba el telar vacío; no quería confesar que no veía nada.

Todos los componentes de su séquito miraban y remiraban, pero ninguno sacaba nada en limpio; no obstante, todo era exclamar, como el Emperador: -¡oh, qué bonito!-, y le aconsejaron que estrenase los vestidos confeccionados con aquella tela en la procesión que debía celebrarse próximamente. -¡Es preciosa, elegantísima, estupenda!- corría de boca en boca, y todo el mundo parecía extasiado con ella.

El Emperador concedió una condecoración a cada uno de los dos bribones para que se las prendieran en el ojal, y los nombró tejedores imperiales.

Durante toda la noche que precedió al día de la fiesta, los dos embaucadores estuvieron levantados, con dieciséis lámparas encendidas, para que la gente viese que trabajaban activamente en la confección de los nuevos vestidos del Soberano. Simularon quitar la tela del telar, cortarla con grandes tijeras y coserla con agujas sin hebra; finalmente, dijeron: -¡Por fin, el vestido está listo!

 

Llegó el Emperador en compañía de sus caballeros principales, y los dos truhanes, levantando los brazos como si sostuviesen algo, dijeron:

-Esto son los pantalones. Ahí está la casaca. -Aquí tienen el manto... Las prendas son ligeras como si fuesen de telaraña; uno creería no llevar nada sobre el cuerpo, más precisamente esto es lo bueno de la tela.

 

-¡Sí! -asintieron todos los cortesanos, a pesar de que no veían nada, pues nada había.

-¿Quiere dignarse Vuestra Majestad quitarse el traje que lleva -dijeron los dos bribones- para que podamos vestirle el nuevo delante del espejo?

Se Quitó el Emperador sus prendas, y los dos simularon ponerle las diversas piezas del vestido nuevo, que pretendían haber terminado poco antes. Y cogiendo al Emperador por la cintura, hicieron como si le atasen algo, la cola seguramente; y el Monarca todo era dar vueltas ante el espejo.

-¡Dios, y qué bien le sienta, le va estupendamente! -exclamaban todos-. ¡Vaya dibujo y vaya colores! ¡Es un traje precioso!

-El palio bajo el cual irá Vuestra Majestad durante la procesión, aguarda ya en la calle - anunció el maestro de Ceremonias.

-Muy bien, estoy a punto -dijo el Emperador-. ¿Verdad que me sienta bien? - y se volvió una vez más de cara al espejo, para que todos creyeran que veía el vestido.

Los ayudas de cámara encargados de sostener la cola bajaron las manos al suelo como para levantarla, y avanzaron con ademán de sostener algo en el aire; por nada del mundo hubieran confesado que no veían nada. Y de este modo echó a andar el Emperador bajo el magnífico palio, mientras el gentío, desde la calle y las ventanas, decía:

-¡Qué preciosos son los vestidos nuevos del Emperador! ¡Qué magnífica cola! ¡Qué hermoso es todo!

 

Nadie permitía que los demás se diesen cuenta de que nada veía, para no ser tenido por incapaz en su cargo o por estúpido. Ningún traje del Monarca había tenido tanto éxito como aquél.

 

-¡Pero si no lleva nada! -exclamó de pronto un niño.

-¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.

-¡No lleva nada; es un chiquillo el que dice que no lleva nada!

-¡Pero si no lleva nada! -gritó, al fin, el pueblo entero.

Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron sosteniendo la inexistente cola.

domingo, 12 de mayo de 2013

La Pecera de Cristal, Una llamada de atención al Gestor


Apostar por la gestión de los intangibles e internacionalizarse.

No hay mejor defensa que un buen ataque, seguir en la senda de los recortes no es el camino, una cosa es recortar y otra reducir la ineficacia y el despilfarro que el cliente no aprecia ni paga.

Hoy se necesitan lideres inteligentes, que reconozcan la situación y no se retraigan en sus peceras de cristal mientras que su equipo lucha en el día a día viendo como poco a poco se reducen las oportunidades y que la competencia va aprovechando.

Hay que dejar el complejo de empresa grande o pequeña, la gestión es clave y el tamaño no importa, lo importante es dejar de ser espectador, saltar a las tablas y dirigir a los actores, transmitir la pasión, esa magia que se ve en los ojos cuando uno tiene ganas de comerse el mundo.

Hay que innovar si o si, hay que hacer cosas mejores, diferentes y que se tranformen en norma, definir nuestro modelo o Precio-Servicio o Innovación y Flexibilidad, nuestro modelo no puede ser "Ni Chicha, Ni Limonada", a mi manera de ver no se puede estar entre el precio y la calidad, No se debe vender un Rolex en Carrefour, porque a largo plazo la marca desaparece.

Yo de verdad no entiendo, cuando hay recesión el primer tijeretazo se le da al Marketing, no será mejor adaptar el mensaje y comunicar cosas coherentes volver a lo básico.

Para concluir, cuiden el dinero, hay que sanear el circulante y tener muy en cuenta la financiación, el talento y la motivación, pero eso sí, primero les recomiendo que salgan de la pecera. Sí esa que tanto les costo entrar y bajen a las trincheras porque hoy y siempre, las guerra se han ganado en el cuerpo a cuerpo.

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